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Vuelta de Ernesto Azcuy

Nelson Herrera Ysla

Vuelve a estar entre nosotros quien durante años aprendió el duro oficio de diseñar a partir del legado extraordinario de aquellos que durante las décadas del 60 y del 70 convirtieron al cartel de cine – y de otras zonas de la cultura cubana- en una imagen relevante, dominante, en el espacio visual de Cuba.

Ernesto Azcuy bebió de tan rica fuente con pasión e inteligencia, asumiendo sus códigos enraizados en la imaginería popular, en el humor que tantas variantes posee y en las pujantes escuelas del cartel polaco у japonés, que entonces eran mundialmente conocidas por la búsqueda de un espíritu nuevo que conjugara la eficacia comunicativa y la belleza extrema dentro del espacio bidimensional.

Como otros diseñadores cubanos, libre de prejuicios y sorteando los seductores cantos de sirena que se es- cuchan tras la noción de «estilo», enfrentó cada tema, cada problema, con la más absoluta libertad formal, estructural, tipográfica; guiado en lo esencial por la construcción de una imagen contundente, precisa, en resonancias culturales con el contexto social en que se movía. Si en un momento podemos observar en sus carteles la profusión barroca de imágenes propias de nuestras ancestrales sociedades latinoamericanas, también asoma el color que surge de lo afrocaribeño insular y, cuando se hace necesario, el espacio gráfico se torna limpio, ascético porque sólo un signo y un color bastan.

De ahí la claridad conceptual que subyace en cada obra de Azcuy, quien no busca falsos destellos de «originalidad» ni fuegos fatuos desde donde erigirse en «artista», sino la eficacia que todo buen diseño comporta, lo mismo para un cartel que para logotipos, marcas, papelería, folletos, catálogos, gracias a sus afiladas dotes para encarar los más disímiles asuntos de la imagen plana: no así sus «cajas» tridimensionales, de reciente creación, donde reinan a sus anchas, sin cortapisas, los iconos legitimados de la historia y la cultura popular, del arte académico, la religión y el deporte en una especie de retablo medieval sazonado con humor legítimo.

Durante sus años iniciáticos en Cuba, Azcuy había de- mostrado su vocación gráfica en varios campos; ahora, en Bolivia, se ha explayado más allá de la creación misma para erguirse en organizador de un importante evento del cartel iberoamericano y editor de una publicación emblemática para el desarrollo del diseño en ese país, que tanto lo necesita, como todas las economías emergentes pues él es cada día más consciente que lo importante en el mundo contemporáneo es comunicar, por encima de todo, el complejo entramado de relaciones humanas y sociales para favorecer el mejor y más eficaz intercambio en sus diferentes niveles. Diseño es cultura y, especialmente, comunicación; y comunicación es entendimiento, comprensión, reconocimiento de los valores que sostienen toda sociedad.

Con esas ideas y esos buenos aires, impulsados desde el altiplano y las monumentales y frías cúspides andinas, ha vuelto «el hijo pródigo» a compartir con nosotros su rica experiencia gráfica en esta, su Isla mayor, dominada por la brisa de los alisios, la visita de irreverentes huracanes y el mar, ese mar oceánico que nos rodea por todas partes.

Ernesto Azcuy is back

Nelson Herrera Ysla

The one who for years learned the hard job of graphic design following the extraordinary legacy of those who during the 60s and 70s turned movie posters and other areas of Cuban culture, into a relevant and dominant imagery in the Cuban visual space, is back among us.

Ernesto Azcuy took advantage of these prosperous sources with passion and intelligence, mastering the embedded codes in popular imaginary, using humor’s varying qualities and learning from the booming Polish and Japanese Poster schools, which were then known as seekers of a new spirit which would combine the new communications effectiveness and extreme beauty in the two-dimensional space.

Like other Cuban designers, free from prejudice and dodging the seductive mermaid calls heard after the notion of «style», he faced each issue, each problem, with absolute freedom of form, structure, typography, driven essentially by the need to build a strong image of cultural resonance with the social context in which he moved. If at times in his posters we can observe the Baroque profusion of images of our own ancient Latin American societies, the color also appears to arise from the insular Afro-Caribbean and, when necessary, the graphic space becomes clean, ascetic because then only a symbol and one color are enough.

Hence the conceptual clarity behind each of Azcuy’s pieces, who does not seek false flashes of «originality» nor false presumptions to make him appear as an «artist», but.

the implied effectiveness of every good design, be it for a poster or for logos, trademarks, stationary, brochures, or catalogs, thanks to his sharp skills to deal with the most diverse matters on flat images. Not so with his 3-D «boxes», of recent creation, bonded at ease, without restrictions, legitimized historical icons and popular culture of academic art, religion and sport in a kind of medieval altarpiece seasoned with legitimate humor.

During his early years in Cuba, Azcuy had shown his graphic vocation in several areas: Now in Bolivia, he has dwelt beyond creation itself to stand as a major event organizer of Latin American Posters and editor of a flagship publication for design development in a country with much need for it, as is, the case for all emerging economies. As he is increasingly aware, what is important in the contemporary world is to communicate, above all, the complex web of social relationships and to better and more efficiently promote exchange at different levels. Design is culture and – especially – communication, and communication is understanding, comprehension, and recognition of the values that underpin any society.

With these thoughts and best wishes, perhaps driven from the majestic highlands (altiplano) and the monumental and cold Andean peaks, «the prodigal son» has returned, here to share with us his rich graphic experience, in this – his largest Island – defined by the soft breeze of the trade winds, the visit of irreverent hurricanes and the sea, that very luminous and oceanic sea that surrounds us everywhere.

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